Parte 2
Un mes después
Peter
abre la puerta de la suite y entra, mientras Anne se queda ante el umbral.
- Ha sido un día muy largo. – Mira primero a los
ojos de Anne y luego repasa cada detalle de su cara; ella está también cansada.
Se le nota.
- Sí. Creo que hoy voy a dormir bien. ¿Nos vemos a
las ocho para desayunar?
Está a punto de volverse hacia el pasillo esperando una
simple afirmación seguida de un “buenas noches”, cuando siente la mano de Peter
en su codo que tira suavemente de ella y le hace dar un paso cruzando el
umbral. Entonces los labios de Peter se acercan a los suyos y la presión del
beso la empuja levemente hacia atrás. Anne apoya la espalda en la pared de la
habitación y Peter cierra la puerta sin dejar de besarla.
Es la primera vez que se besan y Peter no sabe por qué lo ha
hecho. Sólo ha sentido una necesidad imprevista e imperiosa, impulsiva, que ha
sustituido por completo su voluntad. Aunque quizás su voluntad era besar a
Anne.
Las bocas están apenas abiertas y siguen así unos momentos,
mientras los labios se estrechan cada vez más. Peter pone sus manos en la
cintura de Anne; luego las pasa a su espalda. Anne pone sus brazos sobre los
hombros de él y entonces las bocas se abren y las lenguas se saludan antes de
empezar a explorar cada una la casa de la otra.
Anne no sabe muy bien que está haciendo. Sólo sabe que es lo
que quiere hacer en este momento, y lo que ha querido hacer desde hace mucho
tiempo. Siempre lo ha sabido. Aunque no sabe desde cuándo.
Las manos de Anne se juntan en la nuca de Peter, pero las de
éste se separan y se mueven sin cesar sobre la espalda, en toda su extensión,
de Anne. Ella siente como su cuerpo se transforma, se llena de calor y se hace
más flexible según esas manos dejan la espalda y van visitando lugares más
sensibles y delicados de su cuerpo.
Se separan, se cogen de la mano y atraviesan el pequeño hall
entrando en la gran habitación. Junto a la cama se desnudan uno a otro poco a
poco, disfrutando de cada roce, y generando una sensación distinta en cada
trozo de sus pieles gracias a los comportamientos descarados de sus dedos,
labios y lenguas, que han desarrollado una voluntad propia. Sus mentes en
cambio se limitan a recoger las oleadas de placer que reciben, sin pensar en
nada más.
Peter no es capaz de darse cuenta en este momento, pero es
la primera vez que estando con otra mujer, no tiene algún recuerdo, aunque sea
fugaz, de Sophie. Y Anne tampoco es consciente que es la primera vez en su vida
que se abandona completamente, sin mantener esas restricciones a disfrutar que
siempre se ha impuesto. El placer se realimenta de un cuerpo a otro, las mentes
se relajan, los cuerpos se tensan y la habitación se llena de suspiros y leves
quejidos cada vez más expresivos.
Por la mañana Peter se despierta sólo en la gran cama. Anne
y su ropa han desaparecido y la ropa de Peter está más o menos ordenada sobre el
sillón. Peter esboza una sonrisa pensando en la puntillosidad de Anne con el
orden. Sin embargo, esta vez se le ha escapado algo: Peter recoge junto a una
pata de la cama un prendedor de pelo. Después sale a la terraza tras ponerse
una bata.
Desde la terraza de la suite presidencial del Hotel Royal de
Évian-les-Bains hay una vista maravillosa del lago Leman y de Lausana, justo al
otro lado del Lago. El día está fresco pero soleado, y ya hay algunos veleros
que han salido temprano de todos los puertos deportivos franceses o suizos y
que cruzan sus estelas con las de los transbordadores que atraviesan el lago.
Peter trae a la terraza el desayuno que le han dejado en la
puerta y tras dar buena cuenta de los croissants de mantequilla y las mermeladas,
se ducha, se viste y se va al salón de la suite dónde va a celebrar la primera
reunión de hoy. Apenas tiene tiempo de conectarse a la red cuando llegan sus
compañeros.
| Suite Presidencial del Hotel Royal |
Sophie y Anne vienen juntas. Cuando les abre la puerta, oyen
la voz de Eric que acaba de salir del ascensor; le esperan y los cuatro pasan
al salón. Peter se da cuenta de que Anne evita que sus miradas se crucen y de
que está nerviosa. Y él también lo está, ya que su cabeza está llana de
detalles de la noche anterior.
Cuando se sientan, Sophie es quien toma la palabra.
- Luisa llegará más tarde. Está comprobando los
últimos resultados de ayer. – Luisa Centenero, española, es la mano derecha de
Anne, pero al tiempo su némesis. Si Anne tiene madurez, método, experiencia y
constancia, Luisa es inmediatez, brillo, heterodoxia e impaciencia. Es una gran
física teórica y una gran abridora de campos, pero que luego deben ser
cultivados por perfiles como el de Anne para que den fruto.
- Pero esta reunión es para comentar su trabajo,
¿no?
- Sí. Pero no la necesitamos en la primera parte.
Eric, ¿le comentas a Peter cómo empezó esto?
Eric empieza a hablar con su encantador acento francés y con
la calma y la precisión que le caracterizan:
-
- Pues esto surgió de una casualidad. Hace dos
meses, un miembro del equipo de tecnología descubrió una singularidad en la
resolución de una ecuación de campo. Empleando un cambio de variable un poco
extraño generaba un infinito de orden muy elevado y decidió calcular la cota
superior asintótica a fin de determinar el grado de dificultad del problema.
Pero mientras estaba resolviéndolo lo comento con Luisa y ésta quiso entrar en
los detalles. Entonces se centró en la interpretación física del cambio de
variable y le propuso otro ligeramente distinto. Con el nuevo cambio de variable
se obtenía una función cota superior asintótica mucho más baja y la resolución
del infinito parecía más sencilla. El matemático abandonó el problema, pero
Luisa siguió con él y llegó a determinar una solución en la que lo que obtenía
era un subespacio en el que no existían sucesos acausales.
Fue Anne la que intervino. – Es un teorema, o más bien lo
era. Se formuló como hipótesis hace años y pasó a ser un teorema no demostrado
pero que nadie discutía.
- - Total, que Luisa siguió adelante. La rama de las
matemáticas en la que estaba es muy árida así que tiró por el camino de en
medio. En vez de intentar demostrar que el teorema era erróneo, buscó una prueba
empírica. Y ahí entro yo. – Eric destinó a los cuatro una de sus espléndidas
sonrisas. – Me pidió que le construyese un dispositivo con unas características
muy determinadas, aunque relativamente sencillas, en las que confinar, por
decirlo así, un subespacio vacío de sucesos. En esencia era crear una jaula de
Faraday de sucesos y de hecho decidimos llamarla así.
Una jaula de Faraday es el efecto por el cual el campo
electromagnético en el interior de un conductor en equilibrio es nulo, anulando
el efecto de los campos externos. Se puede construir fácilmente haciendo eso,
precisamente, una jaula de un material conductor. Sea cual sea el campo electromagnético
en el exterior, el interior está aislado. El campo es nulo. Nada de lo que pase
fuera de la jaula afecta a su interior.
- Crear la jaula no ha sido demasiado complejo,
excepto por el alto consumo de energía. La primera jaula de sucesos que hicimos
hace un mes era un cubo de 5 centímetros de lado, pero nos permitió guardar una
memoria con varios videos para probar que funcionaba.
- Y cómo lo probasteis?
-
Grabamos una situación en un instante dado y lo
guardamos Luego hicimos una prueba que implicaba un cambio en un instante en el
pasado de la filmación. A continuación, abrimos la caja. Los vídeos que había
no eran exactos a lo que nosotros recordábamos ya que nuestros recuerdos habían
cambiado con la prueba. Los vídeos reflejaban la realidad si no se hubiese
realizado la prueba. Naturalmente esto se comprobó además a través del análisis
matemático de la trayectoria como hacemos en todas las pruebas.
- Entonces, tenemos una herramienta adicional para
observar los cambios ¿no es así?
- Lo que tenemos es mucho más. Es una cápsula del tiempo.
Podemos lanzar un experimento complejo que suponga un movimiento largo en el
tiempo y afecte al entorno en el que se encuentra la jaula. Nos metemos en la
caja y salimos a continuación. Todo el entorno ha cambiado, pero nosotros no.
- ¡Joder! Ya volvemos a la maquinita de Wells.
Siempre estamos igual.
- Pero esta vez la hemos construido. – Sophie
ahora sonríe abiertamente.
En este momento llaman a la puerta. Peter se levanta y
vuelve con Luisa. Con sus treinta y cinco años, Luisa es un torbellino de actividad.
Apenas se sienta comienza a hablar.
- Las pruebas han ido perfectamente. Hemos
rebajado en un 80% la energía necesaria reorganizando la estructura de la jaula,
y con los ultra condensadores de grafeno alcanzamos una autonomía teórica de
500 años.
- - Espera muchacha – Eric pone una mano sobre el
hombro de Luisa y consigue frenar su entusiasmo. – Hay más cosas que contarle a
Peter antes de llegar a eso. Como te decía hemos construido la jaula, aunque
nosotros la llamamos la estancia, que queda un poco mejor, y la hemos
construido sin una sólida base matemática, lo cual es un poco arriesgado.
- En este área de trabajo, decir que es arriesgado
es quedarse corto. ¿Y la base experimental?
- - Escueta, por ser positivos. Hemos hecho una sola
prueba y, si bien los resultados fueron los esperados en un 95%, no lo fueron
al 100%.
- ¿Cuál fue la prueba?
Eric se queda callado y gira la vista hacia la ventana.
Peter mira hacia Anne, y ésta baja la mirada. Luisa está mirando al techo donde
parece haber algo que requiere toda su atención, pero Sophie es quién contesta
tras dudar un instante. – La prueba se hizo durante una de las interacciones completas,
las que involucran seres humanos.
- Bueno, sólo hemos hecho dos de esas. En una
participó Anne y en la otra tú mismo Eric. ¿Cuál de ellas fue?
Se hace otro silencio. Peter está cada vez más sorprendido de
la extraña actitud de los demás, que rehúyen su mirada. Sophie habla de nuevo.
- En realidad, hicimos tres. La tercera, que
cronológicamente era la segunda, fue en la que probamos el funcionamiento de la
estancia. Y en esa prueba el sujeto fuiste tú.
Peter se queda con la boca abierta pasando la mirada de uno
a otro. Y apenas oye la siguiente frase de Sophie.
***** Fin de la primera escena